El Camino

Angel

“Desde que tengo uso de razón, recuerdo que siempre he querido ser Ingeniero
Agrónomo y dedicarme al trabajo de la tierra, pero no fue hasta 3ero de carrera
cuando se despertó mi pasión por la viticultura. El poder jugar con multitud de
factores que influyen en el resultado final era la ciencia perfecta para una
mente que le encantaba hacer puzles. En el momento en que decidí centrarme
en el mundo del vino, cuando me trasladé a Salamanca para estudiar un
Máster, aprovechamos para reavivar las cenizas de la viña del bisabuelo que
llevaba años abandonada. Sin saberlo, estábamos sembrando la semilla de lo
que hoy en día es el Dominio del Noveno.

Mi primera experiencia en el sector fue en los Arribes del Duero junto con
Charlotte Allen en bodega, y José Antonio Rubio (ITACyL) en viñedo, donde no
sólo me enamoré del mundo del vino, sino concretamente de la riqueza del
paisaje cultural de Los Arribes. La experiencia me sirvió para darme el empujón
definitivo que necesitaba, y decidirme a lanzar nuestro propio proyecto en la
zona, empezando por la adquisición de la parcela La Lobaguera. Pero, antes
de nada, debía de aprender mucho; cuanto más diferente y diverso mejor, y,
sobre todo, estudiar mucho para tener unas bases teóricas sólidas y evitar el
reproducir lo que se hace “por modas”, sino intentar crear a partir de nuestro
propio criterio y en base a relaciones lógicas.

El primer sitio donde miré para continuar el camino fue a Francia, país donde
se respira vino por todos los rincones. Allí me empapé de un saber hacer, y
adquirí experiencia elaborando vinos de carácter más mediterráneo en la zona
de Chateauneuf-du-Pape, pasando por los Crus del Médoc en Burdeos, o vinos
hechos al máximo detalle como los Montrachet y Musigny Grand Cru en el
corazón de la Borgoña. Al mismo tiempo que trabajaba en bodegas, también
perfeccioné mi teoría al estudiar el Diplôme National d’Oenologue y el MSc de
Viticultura y Enología en las escuelas de Montpellier SupAgro y la ENITA de
Burdeos, aprendiendo de maestros de la viticultura mundial como son Jean
Michel Boursiquot o Kees Van Leeuwen.”

Melissa

“El camino transcurrido hasta mi llegada al mundo de la viticultura y más precisamente a este proyecto llamado Dominio del Noveno ha sido todo menos un camino en línea recta. Me he criado en una gran capital como es Madrid, en una familia de origen francés y argentino, muy alejada del mundo rural y aún más del sector agrícola. Sin embargo, la pasión por el campo y los animales me viene desde mi más temprana edad.

Cuando cumplí mis 18 años, decidí irme a vivir a Francia. Al principio, con una voluntad de integrar el ejército del aire y ser piloto, pero finalmente, a escasos días de integrar la academia, decido orientarme hacia una Formación Profesional especializada en el sector de la agronomía. Iba a ser para mí un gran descubrimiento y sin saberlo, estaba iniciando el camino hacia el sueño de mi vida.

La FP en Perpiñán me permitió adquirir conocimientos prácticos muy rápido, pero también trabajar durante varios meses en una explotación agrícola en Grecia, donde tuve mi primera experiencia de vida de campo. Los animales siempre habían sido parte de mi vida, y por ello estuve trabajando en Pirineos Orientales para la recuperación de una raza de bovino en peligro de extinción. Sin embargo, pese a todo lo aprendido durante ese tiempo, sentía que aún no había encontrado lo que realmente me hacía feliz. Por ello, tras diversas experiencias en el extranjero, decidí, integrar la escuela de Ingeniería Agrónoma en Montpellier, y descubrir un sector al que era totalmente ajena, la viticultura.

Mi primera experiencia la tuve en Gredos, concretamente en Comando G, donde no sólo me inicié en el proceso de elaboración de vino, sino donde descubría los viñedos singulares donde la viticultura sólo podía calificarse de heroica. Para confirmar que había encontrado aquello que se convertiría en un modo de vida, dediqué mis últimos años en Francia a trabajar para un conjunto de bodegas repartidas en las mejores denominaciones del Languedoc Roussillon como Pic Saint Loup, Faugères o incluso Terrasses du Larzac. Finalmente, completé mi formación como ingeniero cursando el diploma de enología por el cual es conocido la escuela de Montpellier, obteniendo así el Diplôme National d’Oenologue.”

Melissa & Angel

La estancia en Francia no sólo fue una experiencia inolvidable a nivel profesional, sino que también lo fue a nivel personal, al conocer a nuestro respectivo compañero de viaje que hace que esta historia pase a escribirse en plural a partir de entonces. Criados en la gran ciudad, uno en Barcelona y otro en Madrid, al haber acabado todas nuestras estancias y tras estos años de aprendizaje en el país vecino, sentíamos que era el momento para volver al campo y hacer realidad nuestro sueño emprendiendo nuestro propio proyecto en el ámbito rural.

Antes de volver a España, ya hicimos nuestras primeras pruebas allá por el 2017 y 2018, haciendo sube y bajas desde Francia para vendimiar y elaborar las pocas cantidades de uva que obteníamos de la parcela La Lobaguera, la única parcela por aquel entonces. También fue durante aquellos años cuando plantamos El Berrocal y la viña del bisabuelo de Ángel, que os podéis imaginar cómo fue logísticamente el plantar y cuidar estos viñedos a más de 1.500 kms de distancia. Al volver a España, Ángel todavía tuvo tiempo de tener otra experiencia elaborando vinos naturales en la Ribera del Duero, y paralelamente a nuestros trabajos de consultoría vitivinícola, empezamos a trabajar intensamente en La Lobaguera, de donde sale el primer vino comercializado en 2020. Durante este tiempo, hemos ido recuperando otras viñas muy viejas en la zona sur de los Arribes del Duero, concretamente en el municipio de San Felices de los Gallegos, hasta reunir el pequeño patrimonio de viñas de muy alta calidad que trabajamos hoy en día. Y hasta el día de hoy, este es el resumen de la historia de una pareja de jóvenes, con un pequeño gran recorrido hasta aquí, pero con todavía mucho camino por recorrer lleno de pasión e ilusión.